¿Puede la personalidad psicológica producir una enfermedad cardíaca?

Hoy hablo, como psicólogo, de “personalidad” y de su posible relación con problemas de salud en el corazón y sistema circulatorio. Como profesional, comprender esto ayuda a entender mejor la conducta y ofrecer respuestas reales y aclarativas a las personas que me consultan.

La Psicología de la personalidad es una disciplina de la Psicología que no ha estado nunca libre de reticencias, dudas e incluso ataques por parte de los mismos psicólogos (puedes leer sobre el Efecto Forer picando aquí) y a la vez ha contribuido a explicar y permitir un mejor conocimiento del comportamiento humano. De la palabra latina persona, usada para describir las máscaras de los actores hace muchos siglos, procede nuestro término personalidad.

Algunas características del patrón de conducta tipo A

A finales de los años 50 unos médicos cardiólogos, Friedman y Rosenman, establecieron un tipo de personalidad característica a la que llamaron Tipo A, que según sus estudios se asociaba a problemas cardíacos. ¿Quién mostraría un patrón de conducta tipo A? Alguien con una ambición inmensa, urgencia por alcanzar metas, actitud hostil hacia los competidores… alguien que vive la superación de un reto continuamente.

Se han usado criterios para “diagnosticarla”. Personalmente creo que casi cualquier persona a lo largo de su vida ha podido ser diagnosticada de conducta tipo A, lo que hace inservible el diagnóstico. Personas con una conducta 100% normal y sana que hayan pasado una mala racha, por ejemplo en época de exámenes, al buscar empleo o al practicar algún deporte competitivo serían “enfermos” de patrón de conducta tipo A y podrían arrastrar esta etiqueta de enfermo mental de por vida.

La crítica que hago puede extrapolarse a cualquier manual psiquiátrico como el DSM Manual de diagnóstico de la Asociación Americana de Psiquiatría, donde la persona más normal, sana y feliz puede cumplir requisitos para ser diagnosticado de muchos trastornos a la vez. Esto oculta y dificulta muchísimo el diagnóstico cuando realmente sí aparece un trastorno mental (como en el cuento de El pastor mentiroso -¡que viene el lobo!-), llevando incluso a personalidades como Alles Frances, presidente del grupo de trabajo del DSM-IV (versión anterior y mejor valorada por los profesionales, publicada en 1994) a criticar estos caminos que dirigen al sobrediagnóstico por falsos positivos.

Superación deportiva máxima que rivaliza con algunos de los valores del deporte: trabajo en equipo, cooperación y solidaridad

Para el diagnóstico se emplea la entrevista estructurada para DCPR (“Diagnostic Criteria for Psychosomatic Research“, Porcelli, P. y Rafanelli, C., 2010): Criterios de diagnóstico que exigen la presencia de al menos 5 de los 9 siguientes comportamientos:

  1. Trabajar muy duro para cumplir los plazos.
  2. Siempre se siente que el tiempo se acaba.
  3. Características motor-expresivas (el habla rápida y explosiva, movimientos corporales bruscos, tensión de los músculos faciales, gestos de las manos) que indican estar bajo la presión del tiempo.
  4. La hostilidad y el cinismo.
  5. Un estado de ánimo irritable.
  6. Tendencia a acelerar las actividades físicas.
  7. Tendencia a acelerar las actividades mentales.
  8. Deseo de logro y reconocimiento.
  9. Deseo de alta competitividad.

Posiblemente todo el mundo podría ser un falso positivo”

Los artífices del patrón de conducta tipo A y un antidepresivo, del que hablo más abajo…

Se ha intentado encontrar una relación entre patrón tipo A y genética, pero como expliqué en Vida y genes (puedes leerlo aquí) los genes solo codifican proteínas y salvo casos donde la escritura de estos impone características definitorias a nivel máximo, lo determinante es que la conducta humana sea algo dependiente de una cantidad de genes, hormonas y experiencias vitales tan sumamente grande en interacción que la personalidad de cada persona es siempre única e irrepetible y el peso ambiental en estas cuestiones es inmenso (crianza, educación, relaciones personales, experiencias, aprendizajes, nivel socioeconómico familiar…). Se han mencionado como responsables del patrón tipo A a los genes que codifican la MAO-A (monoamino oxidasa tipo A) o el gen COMT (que codifica para la catecol-O-metiltransferasa) pero el problema es que estos genes influyen ampliamente en neurotransmisores como la serotonina, la dopamina y la noradrenalina, y desde mi punto de vista a día de hoy la tecnología no ha permitido discriminar bien la complejidad de esta parte de la bioquímica del cuerpo. Por ejemplo, se suele afirmar hipotéticamente que la serotonina baja produce depresión, pero es que la serotonina regula los patrones de masticación, la temperatura corporal, regula a otras hormonas como la hormona del crecimiento, modifica los niveles de saciedad y los de densidad ósea… ¿Cómo diferenciar qué niveles son óptimos y apropiados para cada proceso biopsicológico y en cada persona, si además estos niveles no se suelen medir nunca? ¿Cómo modificarlos sin que la manipulación de estos interfiera entre sí y provoque ajustes a la vez que desajustes? Finalmente y en relación con el patrón de conducta A, también se ha aludido a una predisposición a la hostilidad vinculándola con el metabolismo del magnesio (y sus niveles bajos) a causa de las catecolaminas (como la adrenalina, que aumenta cuando hay hostilidad y disminuye los niveles de Mg) (Henrotte, J. G., 1986).

Parece que la clave está en la hostilidad…

El patrón de conducta tipo A encontró resultados que apoyaron su validez desde su publicación, incluso estudios que controlaban la edad, la presión sistólica, el tabaquismo y otros factores para demostrar la veracidad de sus resultados (Review Panel on Coronary-Prone Behavior andCoronary Heart Disease, 1981) pero poco a poco fueron surgiendo resultados contradictorios y resulta muy arriesgado y no tiene fundamento científico decir que el patrón de conducta tipo A sea una realidad. Sí que se ha concluido de forma consistente que el componente que está más relacionado con los problemas coronarios es la hostilidad (Bermúdez et al., 2011).

Es muy importante, hablando de Psicología de la personalidad, mencionar que la hostilidad no ha sido encontrada como elemento universal en los estudios de personalidad humana (a diferencia de otras variables como la introversión-extroversión, por ejemplo) y, por lo tanto, no se debería hacer una generalización de un problema de personalidad, sino apuntar a que determinadas personas con altos niveles de hostilidad son más propensos a tener problemas cardíacos.

Muchísimos estudios sobre personalidad han propuesto características más o menos estables que definen a las personas y permiten su agrupación. Desde Hipócrates (padre de la Medicina y de quien hablé aquí) que propuso “humores” y “temperamentos” hace más de 2.000 años (sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra; sanguíneo, flemático, colérico o melancólico) al nacimiento de la Psicometría (la disciplina psicológica que empleando la estadística mide y evalúa variables psicológicas como la inteligencia o la estabilidad emocional) ha sido relevante el trabajo de psicólogos como Allport, Guildford, Kelly, Cattell, Eysenck, Costa, McCrae… que poco a poco ayudan a entender mejor las variables que determinan la personalidad humana.

A controlar la hostilidad amigos. Os mando saludos cordiales 🙂

4 comentarios en “¿Puede la personalidad psicológica producir una enfermedad cardíaca?

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