Del temperamento a la personalidad de las personas

Hablar de personalidad, maduración, aprendizaje, cambios vitales, forma de ser o de actuar, introversión o extroversión… es algo que hacemos diariamente en el despacho. Como psicólogo, intento ofrecer explicaciones serias y fundamentadas, y hoy aprovecho para hablar del tema.

Hipócrates, padre de la Medicina y de quien ya hablé aquí, propuso en el siglo -V cuatro humores orgánicos fundamentales, sangre, bilis amarilla, flema y bilis negra, y estas eran las sustancias que permitían la vida. El griego indicó que según predominara una u otra sustancia, habría personas con:

  • Temperamento sanguíneo (sangre): es decir, sociales, optimistas, irreflexivas.
  • Temperamento colérico (bilis amarilla): que serían irascibles, impacientes, obstinadas…
  • Temperamento flemático (flema): que serían silenciosas, reflexivas e imperturbables.
  • Temperamento melancólico (bilis negra): personas nerviosas, tristes, deprimidas…
Hipócrates empezó todo este lío…

Esta distinción sobrevivió durante muchísimos siglos, lo que evidencia la dificultad de encontrar un método para analizar la personalidad humana. Hizo falta que surgiera el método científico para que otras propuestas ganaran peso y fueran provisionalmente válidas. Podemos decir que hoy en día el temperamento es considerado como:

«Las diferencias individuales en el alertamiento de los sistemas conductual y fisiológico, y en los procesos neurales y conductuales que modulan la reactividad, la cual se infiere que tiene una base constitucional» (Heponiemi et al., 2004; p. 38)

¡¿Esto qué significa?! Pues que temperamento define un rasgo estable en el tiempo que implica una reactividad corporal, emocional y motivacional. Su uso es, pese a todo, minoritario, ya que ha sido reemplazado de forma poco cuidada por el término personalidad. Puedes leer sobre personalidad un artículo que hice, espero que divertido, picando aquí.

¡Vamos a ello!

Personalidad define un patrón estable de conductas que distingue a una persona de otra. Desde los importantes estudios de Allport y Murray en los años 30 del siglo XX hasta llegar a los modelos actuales, merece la pena citar a Howarth y Cattell (1973), donde Cattell afirma:

«Personalidad es aquello que nos permite predecir lo que una persona hará en una situación dada y definida».

Los métodos para analizar este rasgo personal se vieron alterados gracias al desarrollo de métodos matemáticos complejos y se han creado curiosos inventarios para evaluar la personalidad: Eysenck Personality Questionnaire, California Personality Inventory, Karolinska Scales of Personality, Jackson Personality Inventory, Personality Research Form, Emotionally-Activity-Sociability-Impulsivity, Sensation Seeking Scale…

Los conductistas niegan la personalidad, o al menos, un pilar de esta corriente como Skinner afirma:

“No puede haber teoría conductista de la personalidad” (1973).

Por otro lado, fisiólogos relevantes en grado máximo para la Psicología en cuanto ciencia, como Pavlov (un poquito más de él aquí), también se postularon. En concreto, el Nobel expuso dos tipologías de reacción en los sujetos experimentales que pudo apreciar a lo largo de años, ya que las respuestas individuales no eran iguales, proponiendo la “cólera” frente a la “melancolía” en la forma en que reaccionaban los (pobres) perros de sus experimentos (Buss y Poley, 1979), e iniciando el estudio de dos variables, la inhibición y la excitación…

Pavlov y su perro, premios Nobel. Eysenck y su sonrisa sospechosa (la que lio con los estudios fraudulentos sobre tabaquismo, cáncer y personalidad).

Esto animó a Eysenck (maestro de Jose Luis Pinillos, el padre de la Psicología en España, académico de todo, incluyendo la RAE, y de quien hablaré más adelante) a profundizar el estudio de la personalidad. Eysenck prestó mucha atención a la inhibición y a la excitación, e intentó relacionar esto con áreas muy concretas del sistema nervioso. Aquí su propuesta es muy interesante:

  • Las personas introvertidas tienen una gran excitación cerebral, en concreto en la formación reticular. Esta gran excitación se acompaña de una débil inhibición en su patrón de excitación.
  • Las personas extrovertidas tienen un bajo estado de excitación reticular, y un funcionamiento muy inhibitorio, y buscan la estimulación externa para elevar sus niveles de excitación cerebral. Esto conllevaría que estas personas fueran menos tolerantes con actividades repetitivas y los condicionamientos serían más pobres con ellas.

Eysenck también propuso una dimensión de neuroticismo, pero no el neuroticismo que se relacionaría con la psicopatología sino con la personalidad, y diferenció entre personas con tendencia a la calma, que se excitan con mayor dificultad y son más tranquilas, y personas con tendencia a la excitación, con propensión al estrés, falta de persistencia, menor sociabilidad… Relacionando todo esto con la activación del sistema nervioso simpático, debido a factores hereditarios (biológicos) y a factores ambientales.

Tanto la estabilidad como la inestabilidad emocional (neuroticismo o calma) y la introversión y extroversión (propias de la inhibición y excitación) aparecen en la mayoría de análisis factoriales matemáticos realizados con inventarios sobre personalidad, lo que muestra que son una realidad.

Si bien esta propuesta no es definitiva, la hipótesis de Eysenck es tremendamente interesante y puede mostrar validez en muchos casos.

Jose Luis Pinillos (1919-2013), fundamental para entender la Psicología en España.

Finalmente, me gustaría citar de nuevo a Jose Luis Pinillos y su obra cumbre Principios de Psicología (1975), donde explica que las definiciones de personalidad tradicionalmente se han dividido (y así las hemos aprendido en las facultades de Psicología) en función de la corriente que las ha estudiado:

  • Corriente psicodinámica (psicoanalítica): donde se proponen ideas tan extravagantes (y absurdas en el año 2022) como que un aparato psíquico perturbado o la represión de pulsiones sexuales marcan la personalidad. Pinillos indica (quizá con cierta ironía, no lo sé) que es la favorita de los teólogos aficionados a la psicología. Lo psicodinámico es algo tan subjetivo que no puede refutarse, y pasa a ser algo dogmático y, por lo tanto, rechazable.
  • Corriente psicométrica: empleando métodos sistemáticos se pueden elaborar escalas y clasificaciones, con las matemáticas al servicio de la Psicología de las Diferencias Individuales. Si bien es muy útil, deja de lado el porqué de la influencia de muchísimas variables relevantes como experiencias vividas, el ambiente familiar donde se crece o el nivel económico disfrutado.
  • Modelo funcional: donde Skinner es su principal representante. La conducta está marcada por los estímulos a los que se ve sometida la persona. Indudablemente, es un modelo poco subjetivo y muy efectivo dado el buen resultado que dan las técnicas conductuales en el despacho, pero deja poco margen a la biología.
  • Modelo biológico: si es estricto sería lo que tradicionalmente llamamos un “modelo médico”. Los rasgos serían innatos y habría que tener en cuenta que el medio tiene poco peso. Podemos incluir a Eysenck aquí, y los neuropsicólogos y los neurofisiólogos hacen avances en su investigación dando mayor peso a variables ambientales.
  • Modelos psicosociales: da mayor peso que los demás a la influencia del ambiente. Uno de sus representantes más célebres fue Bandura, que exploró la imitación de modelos y cómo influye en la conducta. Analiza las condiciones ambientales como elementos fundamentales en la institución de rasgos. Lo psicosocial es básico para comprender el cambio generacional (aquí hablé de esto).
  • Modelo humanístico: resalta la importancia de la persona y su carácter autónomo. Según las circunstancias, la persona tendería al autodesarrollo, enfatizando aspectos positivos de la conducta y asumiendo que mucho sufrimiento (patologías, quizá) se deberían a limitaciones que lastrarían a la persona.

Para finalizar, y citando al autor: «La personalidad representa la estructura intermedia que la psicología necesita interponer entre la estimulación del medio y la conducta con que los sujetos responden a ella».

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