Emociones según “la situación que nos toca vivir”

Richard S. Lazarus es uno de los psicólogos más importantes de la historia.

Fotografía de Lazarus
Fotografía de Lazarus

A mitad del siglo XX los psicólogos intentaban explicar la conducta humana basándose exclusivamente en “contingencias”, es decir, en estímulos con valor más o menos positivo, por ejemplo:

Un niño teme a los perros porque uno le mordió.

Estos estímulos pueden ser seguidos de un resultado que modifica la conducta:

El niño teme a los perros desde ese día pero, si ve a otros niños jugar alegres con otros canes sin que les suceda nada malo, puede perder este temor.

Esa postura explicativa, muy práctica a la hora de estudiar y modificar comportamientos a mitad del siglo XX, dio paso progresivamente a un punto de vista menos reduccionista. Lazarus inició el estudio científico de las emociones ampliando el campo de aplicación y estudio de la Psicología: reforzó el papel de las emociones en la conducta. Según él, la emoción es el resultado de un análisis en dos fases:

  • Primera fase: es la evaluación de la situación o del estímulo (por ejemplo, a Pepe le acaban de llamar desde el hospital y le dicen que un médico va a hablar con él). Se pone en marcha un mecanismo de interpretación y aquí entran en juego procesos primarios:
    • Subjetivos (la llamada del hospital puede significar algo malo o no)
    • Expresivos (su cara se ha tensado y la mirada muestra preocupación)
    • Fisiológicos (su pulso se ha acelerado y está tenso)

La evaluación primaria incluye una interpretación del suceso en relación al bienestar de la persona, a su seguridad: ¿es la situación amenazante? ¿es buena? ¿es mala?

La evaluación primaria incluye una interpretación del suceso en relación al bienestar de la persona, a su seguridad: ¿es la situación amenazante? ¿es buena? ¿es mala?

  1. ¿Reto?
  2. ¿Amenaza?
  3. ¿Daño?
  4. ¿Beneficio?
  • Segunda fase: la información que la persona acaba de procesar se evalúa según los recursos de afrontamiento (Por la cabeza de Pepe en estos breves instantes se suceden reacciones diferentes)
    • Minimización (quizá no sea nada y llamen para hacerme algún tipo de revisión…)
    • Negación (se habrán equivocado…)
    • Exageración (¡madre mía, algo ha pasado, alguien ha muerto o está en la UCI!)

La evaluación secundaria explora los recursos de la persona para hacer frente al evento: ¿qué puedo hacer? ¿puedo llamar a alguien para que me ayude? ¿podría ir al hospital ahora mismo para ayudar de algún modo? ¿quizá sea algún tipo de revisión médica y eso sea bueno para mi salud?

De forma consciente o inconsciente todos los días varias veces evaluamos situaciones donde el procesamiento cognitivo y el emocional se producen de forma simultánea, a veces con resultados positivos y otras veces sumiendo a la persona en la ansiedad y preocupación.

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