Fases de aceptación de la muerte

La doctora Kübler-Ross estableció cinco fases que son consideradas un estándar a la hora de analizar el proceso de aceptar la muerte, y que son estudiadas por psicólogos, médicos, enfermeros…

Antes de analizar las fases es muy interesante conocer a Kübler-Ross. Nacida en Suiza, hubo dos situaciones que marcaron su interés por la muerte. Por un lado, la visita a un campo de concentración nazi, donde observó dibujos en las paredes hechos por los reclusos que mostraban, entre otras cosas, mariposas. Quedó turbada por la acción de los presos, que encontraban energía para hacer representaciones tan hermosas y alegres como las mariposas en un lugar donde convivían con la muerte más terrorífica. Por otro lado, vivió la muerte por cáncer en su círculo más íntimo.

Fotografía de un campo de concentración
Fotografía de un campo de concentración

Si bien las fases han recibido críticas, hoy en día los profesionales aceptan que estas etapas son vividas por la mayoría de enfermos, aunque pueden darse varias a la vez y no tienen una evolución lineal.

  1. Negación: el paciente terminal, ante el impacto de su diagnóstico o mal pronóstico, puede expresar negación; y es frecuente que declare que ha habido un error, que quizá los datos no correspondan a su persona… este rechazo permite ganar tiempo y es una forma de mantener la esperanza.
  2. Ira: suele mostrarse hacia la situación (¿por qué a mí?), o hacia la familia, sanitarios, estilo de vida llevado, amistades…
  3. Negociación: esta es una fase muy marcada en personas religiosas: ante el panorama desolador es habitual formar promesas y pedir a figuras religiosas ayuda y curación; se puede intentar pactar igualmente con los sanitarios un tratamiento favorable, un adelanto en el acceso a pruebas, una atención privilegiada…
  4. Depresión: la impotencia genera sentimientos de tristeza y se abandona toda esperanza.
  5. Aceptación: etapa final donde la persona acepta la irreversibilidad de la situación, reduce su interés por mucho de lo que le rodea y se centra en vivir el presente.

Buckman (1993, 1998) reflexiona sobre esto pero indica que la forma de ser de cada persona impregna este proceso y que las personas que reducen la importancia de los problemas suelen minimizar el impacto de la situación terminal. Conocer la conducta previa del enfermo, familiares y amigos puede ayudar a predecir el impacto del proceso en ellos.

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