Casa, barrio, ciudad, país… sistema

Definir el porqué de la familia es algo muy complicado. Puede decirse que cumple dos funciones como institución: por un lado, una función externa, donde facilita la acomodación a una cultura y su transmisión (los padres enseñan el idioma a los hijos; los hijos enseñan a los padres el manejo de nuevas tecnologías; los padres facilitan la educación académica de los hijos; los hijos acomodan a los padres al mundo moderno cuando estos envejecen; etc). Y, por otro lado, una función interna basada en la protección psicosocial que muestran los miembros.

Desde la psicología se habla de sistemas, diferenciando:

  • Un microsistema: formado por actividades, roles y relaciones de la persona cara a cara, en el hogar con sus padres, en la escuela con su maestro y amigos, en el barrio con sus vecinos… en su cotidianidad.
La calle y los edificios: somos seres sociales
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  • El mesosistema: son los microsistemas relacionados, por ejemplo, en el caso de un niño, la familia y la escuela, con las visitas de los padres para hablar con el profesor, o la relación con su primo en el patio del colegio; el club deportivo donde juega de forma extraescolar y los amigos de su barrio que también participan…
  • El exosistema: le influye a la persona pero no de forma directa, como por ejemplo el trabajo de sus padres y los horarios que tienen, que afecta a los horarios familiares; los medios de comunicación y las noticias que emiten a la hora de comer…
  • El macrosistema: abarca la cultura en la que se vive, el país y su situación política y económica, el año y el grado de desarrollo del país en esa época, la tolerancia o represión social…

La familia como sistema dentro de otros sistemas muestra un mejor funcionamiento cuando se rige de forma democrática y hay una autoridad flexible, mientras que si la familia tiene un funcionamiento caótico o muy autoritario y rígido, aparecerán carencias y la satisfacción suele disminuir.

Cuando se acude al psicólogo, clarifica y el problema y se procede a implementar cambios para resolver o reordenar la situación, se aprecia resistencia al cambio. Es más fácil comenzar por elementos externos pero según nos aproximamos a las partes más arraigadas del comportamiento, hábitos y normas establecidas durante años y conductas muy idiosincráticas de la persona, las dificultades aumentan. Del mismo modo, las partes más externas son más sensibles a la influencia de los demás, y este es uno de los motivos por el que los jóvenes, que todavía no han desarrollado un estilo de vida tan consistente, se ven más influidos por sus amigos y pares.

Pese a todo, hay parejas y familias disfuncionales que han hecho de los desequilibrios la normalidad, asentando un estilo de vida “estable”. Es imprescindible establecer límites claros tanto intrafamiliares como interfamiliares, y quizá haya que reorganizar los equilibrios (por ejemplo, si los hijos ganan a costa de los padres, hay que devolver peso a los padres).

El reencuadre que facilita el psicólogo, ofreciendo una visión objetiva de la situación adaptada de forma comprensiva es una acción imprescindible para la reconstrucción.

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