Los genes son una partitura para violinistas. Vida y genes parte 2

Continuación de Vida y genes, parte 1.

Habiendo visto la aparición de la vida y el papel de las proteínas, vamos a indagar un poco en la materia…

¿Qué son los famosos “genes”? Un monje llamado Gregor Mendel (1822-1884) hizo los primeros descubrimientos “observacionales” sobre cómo se heredan los genes empleando guisantes y cruces de especies.

Por ejemplo, cruzó dos variedades puras de guisantes, una con semillas “padres” marrones y blancas. El primer cruce dio lugar a 4 “hijos“, vainas con semillas marrones: el color marrón era un rasgo dominante que los padres pasaron a sus hijos. Pero ahora viene lo interesante: cruzando estas 4 vainas “hijos” para crear “nietos”, encontró que el cruce de las 2 primeras vainas, que eran completamente marrones, volvían a crear como descendientes otras 4 vainas donde UNA de ellas volvía a ser blanca. ¡El blanco había vuelto en los nietos! El blanco era un rasgo recesivo, no dominante. 

Ilustración de la cadena de ADN
Ilustración de la cadena de ADN

Sin tecnología pero con inteligencia, Mendel dio las primeras explicaciones sobre “heredabilidad”. La información con el color de los guisantes estaba en sus genes, que no se transmitían siempre de forma directa. El color es un factor hereditario y llamamos gen a cada factor hereditario.

Habiendo visto en el Vida y genes parte 1 cómo el ser humano no es sino un conjunto de moléculas que interaccionan químicamente, podemos decir a modo de metáfora que cuando un violinista interpreta hoy un pentagrama escrito hace siglos años puede tocar una canción hoy exactamente igual que en su día. De igual forma dentro de cada célula del cuerpo hay un libro con una canción escrita, no con notas sino con ácidos nucleicos (moléculas que almacenan, transmiten y expresan la información genética, donde destaca el ácido desoxirribonucleico, el ADN). Emplenado los compuestos (bases nitrogenadas) guanina (G), adenina (A), citosina (C), timina (T) y uracilo (U) como si fueran notas musicales y enlazadas en cadenas muy largas de moléculas pero de un tamaño microscópico. Así se escribe, dentro de cada célula de los seres vivos, qué tiene que hacer.

Resumiendo: todas las células del cuerpo tienen en su núcleo este libro de instrucciones celular, el ADN, minúsculo y enrollado formando unas estructuras que se han llamado cromosomas. El orden de las “letras” de estas cadenas permiten a la célula cuando las lee (ya hemos visto que las letras de su lenguaje son G, A, C, T y U) crear proteínas usando como materia prima aminoácidos, que dan lugar a estructuras, tales como tejidos, huesos, órganos… ladrillo a ladrillo se construye un edificio: pelo, piel, órganos, músculos, células, etc. La información (el genotipo) del ADN del guisante era la responsable del color (el fenotipo).

Cada célula del cuerpo humano tiene 23 pares de cromosomas. En el ADN viene escrito qué proteínas tienen que fabricar cada célula y cuándo, cómo ha de reproducirse y cuando morir. Pero hay dos células que no tienen 23 pares de cromosomas, sino la mitad: los espermatozoides y los óvulos. No estaríamos aquí sin ellos. Seguimos en Vida y genes, parte 3.

De la célula al ADN
De la célula al ADN

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