En esta vida todo (o casi todo) es suerte. Vida y genes parte 3

Pepe ha ido al Casino de Torrelodones con unos ahorros, esperando multiplicarlos y hacerse rico. En la ruleta las 9 veces anteriores la bola ha caído en rojo y Pepe piensa: ¡ahora caerá en negro, seguro! Pepe apuesta todo su dinero a negro y mientras la bola gira se imagina el cochazo que se va a comprar… y pierde. La probabilidad, siempre, siempre, siempre, había sido la misma, un 50%. Y aunque hubiera salido 400 veces rojo, la tirada 401 volvería a ser un 50% rojo y 50% negro. El azar es así.

La suerte también hizo que Pepe sea como es. La información de sus genes procede mitad de su padre y mitad de su madre pero ya hemos visto en Vida y genes parte 1 y Vida y genes parte 2 que los genes solo sirven para “fabricar proteínas”.

A diferencia del resto de células del cuerpo, las células que crean vida, el espermatozoide del padre y el óvulo de la madre, son células especiales:

El padre de Pepe tiene dentro de cada célula 46 cromosomas que ha heredado, 23 de su padre y 23 de su madre. Las células tienen que reproducirse ya que obviamente algún día morirán (la apoptosis es la muerte celular programada; si no hay muerte celular habrá un crecimiento incontrolado de células… y aparecerá un tumor, que si es maligno se llamará cáncer). Cada célula, con sus 46 cromosomas, se reproduce para tener una hija clon, igual genéticamente con sus 46 cromosomas, y este proceso se llama mitosis.

ADN: una cadena entrelazada
ADN: una cadena entrelazada

Pero el padre de Pepe también produjo espermatozoides gracias a células madre con 46 cromosomas llamadas espermatogonias. Su madre produjo igualmente óvulos partiendo de ovogonias. Lo interesante aquí es que las células sexuales, espermatozoides y óvulos, no tienen 46 cromosomas sino la mitad, 23 cromosomas. En la formación de los espermatozoides y óvulos, los cromosomas de las células madre se “abrazan” entrecruzando partes genéticas “equivalentes” del padre y de la madre, y ahí el azar dará como resultado una mezcla única (la suerte, yeah!). Después se vuelven a separar y dividir con la mitad de información, haciendo que cada célula espermatozoide y óvulo que haya nacido de esta mezcla tenga solo 23 cromosomas. Así cada espermatozoide y óvulo será una mezcla genuina y única. Este proceso de reproducción celular se llama meiosis. 

Cuando el Espermatozoide Pepe (23 cromosomas únicos) se una al Óvulo Pepe (23 cromosomas únicos), la unión ya podrá formar una célula nueva, con características genéticas únicas gracias a la mezcla azarosa del entrecruzamiento. Esta célula con 46 cromosomas llamada cigoto ya puede empezar a reproducirse, multiplicando células y produciendo proteínas, dando forma a un nuevo organismo… estas proteínas crearán un cuerpo, un cerebro… una persona diferente a todas las demás. La suerte puede dotar a una persona de un rostro hermoso pero el mismo azar puede hacer que su estatura sea muy inferior a la media. La suerte… ya se sabe.

Con la mezcla cromosómica al azar se evita que los genes pasen intactos de generación en generación, diversificando la especie. Nuestro mundo cambia y nuestra genética tiene que cambiar igualmente.

Pese a todo, hay muchos genes dentro de las células que son “instrucciones” que se han de respetar, y aunque haya entrecruzamiento estos genes son bastante “invariables”, conservados y regulares, como los Genes Hox, que aseguran que el ser humano tenga una estructura básica en su desarrollo embrionario: gracias a esto tenemos cabeza, cuerpo, extremidades… ahora vamos a lo interesante: ¿se hereda la malafollá? Lo veremos en Vida y genes, parte 4.

 

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