La enfermedad médica como causa de estrés (Psicología Social Aplicada)

Hoy voy a hablar de la enfermedad biológica y su repercusión vital. Cuando una persona lamentablemente tiene una enfermedad mental, como alucinaciones auditivas, periodos de manía y depresión alternados… la evaluación médica para descartar patologías orgánicas, monitorización si hay tratamiento farmacológico y asistencia por parte de profesionales de la psicología clínica se convierten en algo necesario. Pero de lo que quiero hablar hoy es de la enfermedad “no mental” y su impacto emocional (además, soy psicólogo colaborador de FACE/ACEGRA, Asociación de Celíacos).

El equilibrio psicológico y social se rompe cuando la enfermedad irrumpe en nuestra vida. La crisis produce un estado de desequilibrio y pérdida de control que en unos casos permite encontrar una solución en días o semanas, en otros el periodo de tiempo se prolonga y es muy útil la orientación psicológica. El cambio en la conducta, la imposibilidad de gestionar problemas, sentimientos de desorganización o culpabilidad… dificultan mucho tener una calidad de vida aceptable.

La enfermedad siempre produce estrés en un grado u otro, y esto dependerá de factores: la patología puede ser aguda (como una infección) o crónica (como la celiaquía), la intensidad puede variar en grado y la aparición puede ser repentina o lenta y progresiva. El estrés es un proceso de adaptación a una situación novedosa que nos demanda herramientas que habitualmente no tenemos y que debemos encontrar en el menor tiempo posible.

Incluso la simple anticipación de una enfermedad crea malestar, y el daño no es individual, sino social: pareja, familia, amigos cercanos… todos son afectados.

La enfermedad produce un conjunto de amenazas:

  • A la vida: como el miedo a morir.
  • A la integridad orgánica: el posible daño a nuestro cuerpo, dolor…
  • Al autoconcepto: la imagen, metas, valores… se pueden afectar y dificultarse.
  • Al equilibrio emocional: con la posible sensación de pérdida de control.
  • A nuestro entorno: familia, amigos… puede surgir la dependencia de otros y que nuestra forma de tratarlos y ser tratados empeore.

El afrontamiento de la enfermedad exige por lo tanto abarcar un campo muy amplio de intervención, tanto personal (miedo, irritabilidad…) como social (relaciones personales, laborales, actividades…). Idealmente debemos trabajar varios componentes, como son el malestar personal, los hábitos de la vida cotidiana, el ajuste familiar y de pareja, el ocio y las interacciones sociales, la satisfacción laboral y la adhesión al tratamiento que cada enfermedad conlleve. ¡Mucho ánimo!

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