El divorcio con hijos

Algunas parejas creen que pueden superar un conflicto teniendo un hijo, incluso no es raro observar que la decisión de tenerlo se toma de forma impulsiva. El hijo puede atrasar el fin de la relación, eso es cierto, pero si el nivel de estrés es alto y la convivencia ya está afectada, el hijo solo añade un plus de estrés: su cuidado, horarios de sueño y alimentación, gastos asociados… dificultan que una pareja se una y crean un clima de tensión en el que hay que repartir decenas de tareas domésticas, de visitas médicas y cambios de rutina.

Los hijos y su posición en el divorcio
Los hijos y su posición en el divorcio

Durante años se mantuvo una creencia social: por el bien de los hijos una pareja que no funciona debe mantenerse unida. Si bien cada caso es particular y merece un análisis único para encontrar el mejor camino de solución, se acepta que si la pareja siente que no hay cariño, predomina el enfado constante y el conflicto es lo normal en el tiempo, la ruptura cambiará momentáneamente el malestar por la confusión, generará incertidumbre en amigos y familiares y el rechazo de los hijos, pero pasado un tiempo todos se pueden ver beneficiados y agradecerán la segunda oportunidad que la vida les regala.

En un estudio a finales del siglo XX, en Estados Unidos, se comprobó que en más de la mitad (65%) de los matrimonios que se rompen hay hijos. Esto nos vuelve a recordar que el hijo no garantiza el éxito de la pareja. En España se producen unas 100.000 separaciones y divorcios por cada 200.000 uniones al año, y 9 de cada 10 suelen tener hijos, en concreto un tercio tiene hijos menores de 5 años y otro tercio ronda la mayoría de edad.

Los hijos adoptarán diferentes comportamientos durante el divorcio, y esto dependerá de su personalidad, edad, de la forma de gestionarlo de sus padres y de si han conocido casos similares. Suelen sentir mucho miedo, confusión y abandono, y si son mayores, ira, rabia y probablemente se posicionen a favor de uno u otro. Si algún progenitor era violento, maltratador… es posible que el niño sienta gran alivio. En cualquier caso, la respuesta de los hijos afecta a sus padres y puede hacerle aún más difícil esta etapa de la vida. Es frecuente que los niños intenten intervenir y hacer por dónde para que se restaure la pareja. Pese a todo, la mayoría de niños obtiene una ganancia de este proceso doloroso: cuando pasa el tiempo y lo asimilan adquieren un grado de madurez y seguridad muy notable.

En el caso del divorcio con hijos, a los hijos se les ha de dar información y explicaciones acordes, y eliminar en lo posible el sentimiento de confusión. Nunca se debe mentir y hay que tener paciencia y explicar las veces que haga falta, desde la tranquilidad, la separación. El niño puede tender a autoculpabilizarse y esto hay que evitarlo.

En el futuro es posible que el hijo tenga que aprender a aceptar a la nueva pareja de su progenitor. En un estudio reciente de Estados Unidos se vio que cuatro de cada cinco divorciados se vuelve a casar. Si bien el conflicto es frecuente, el hijo nunca dejará de querer a sus progenitores y aunque pase más tiempo con un nuevo miembro que con su progenitor, el tiempo muestra que el afecto por sus padres siempre suele ser más intenso y profundo.

Los datos muestran que en España en torno al 60% de los divorcios y separaciones acontecen de mutuo acuerdo y que se reduce cada año el número de rupturas contenciosas. A día de hoy el conflicto familiar no es más frecuente que en épocas pasadas pero la naturalidad en la expresión actual hace que el número de divorcios sea más visible.

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